Cernunnos, el Zeus de los primeros asturianos

Narciso Santos Yanguas, catedrático de Historia Antigua: «Los antiguos astures sacrificaban animales, pero nunca personas»

El catedrático Narciso Santos Yanguas.
Guillermo G. BENITO

El dios Cernunnos fue para los astures lo que Zeus a los antiguos griegos o Júpiter a los romanos. Asturias también tuvo su propio Olimpo, con la veneración de deidades y sacrificios animales en su honor. Así se desprende de la conferencia «Divinidades indígenas astures y organización de culto» que ofreció ayer Narciso Santos Yanguas, catedrático de Historia Antigua, en el marco del seminario sobre poder político y religiosidad en la España romana que acoge estos días el Centro de Servicios Universitarios.

El catedrático destacó la existencia de un conjunto de dioses indígenas con anterioridad a la presencia romana en Asturias, a pesar de que los primeros documentos que dan fe de la existencia de ellos corresponde a tiempos romanos; concretamente, estas deidades fueron veneradas durante los tres siglos anteriores a nuestra era y los documentos datan de los dos posteriores.

Santos Yanguas explicó que las divinidades indígenas, que evolucionaron con la presencia de pueblos indoeuropeos, eran de origen naturalista -es decir, estaban relacionadas con actividades de la vida común: el clima, la fertilidad, el ganado, etcétera- y, aunque no se conoce ninguna construcción que sirviera de templo para llevar a cabo los ritos en honor a estos dioses, se cree que había espacios geográficos acotados para su celebración. Estos ritos, llevados a cabo al aire libre, eran organizados por grupos de «sacerdotes» (nada que ver con los druidas de la Galia y Britania).

«Tal vez estos sacerdotes -denominados “príncipes” y “maestros” por los romanos que posteriormente ocuparon estas tierras- fueran las mismas personas que ostentaban cargos políticos y de organización en el poblado», apuntó Narciso Santos.

El catedrático destacó que en los cultos se llevaban a cabo ofrendas y sacrificios inmolando animales en honor a dioses como Cernunnos -denominado así por sus astas- o Nimmedo Assediago, que en lengua celta significa «bosque sagrado». «Los antiguos astures sacrificaban animales pero nunca personas», aseveró Santos Yanguas, «a pesar de que Estragón, en el siglo primero después de Cristo, se refiere a sacrificios humanos, posiblemente porque en esa época los astures no estaban bajo influencia romana y eran considerados bárbaros sin ninguna prueba de ello».